lunes, 28 de septiembre de 2009

AL PAN PAN

A continuación algunos aspectos que normalmente dominan el vocabulario que se utiliza entre nosotros para definir aspectos de la economía sin detenerse demasiado en el análisis que indique su certeza.

En esta realidad intervencionista y regulatoria en la que la panacea del mercado ha sido reemplazada por la panacea de la acción de funcionarios - personajes como Guillermo Moreno, Néstor Kirchner o su esposa Cristina Fernández, nos encontramos con no pocas contradicciones de carácter dialéctico que propongo discernir brevemente.


Veamos.

1. El hambre y la pobreza:


Si bien es casi un dato que una se deriva de la otra, es evidente que paliar el hambre no necesariamente implica terminar con la pobreza.

Repartir comida o planes de ayuda no termina con la pobreza, simplemente hace a los pobres dependientes de los funcionarios como los nombrados y otros.

2. La distribución de los ingresos como vaca sagrada:


Distribuir ingresos es, en general, atribuir a quienes ganan más dinero la responsabilidad de hacerse cargo de quienes ganan menos.

Siendo el sistema tributario la metodología principal de tal distribución, se aplican principios de progresividad de los impuestos generando de tal modo la salida de los capitales de quienes están en mejor posición para no ser víctimas de genuinas expropiaciones contrarias al principio de igualdad de los impuestos y de las cargas públicas.

3. La salida de capitales y el patriotismo:


El patriotismo es hoy por hoy una palabra bastante gastada, pero es rigurosamente cierto que implica su aplicación de parte de gobernantes y de gobernados.

Si quienes detentan el poder aumentan sus patrimonios de manera notable o giran fondos al exterior además de hacer leyes para favorecer a los amigos, acá está faltando una pata de tal patriotismo.

En cuanto a la otra, podemos apelar al sentimiento de la gente, pero obligarla no es un acto que conlleve patriotismo.

Ser patriota es un acto virtuoso, no consecuencia de una ley que obliga a alguien.

4. Aplicación de impuestos distorsivos para tratar de equilibrar los precios:


Este esquema, aplicable a temas tales como las retenciones a las exportaciones o al llamado impuesto al cheque, es una falacia notable.

Si es preciso distorsionar y volver inequitativo el sistema tributario para lograr un objetivo plausible estamos ante una realidad de que el sistema impositivo pero se es ineficiente e inútil.

En otras palabras, solamente podemos ser justos si distorsionamos el sistema tributario.

Una incongruencia evidente.

5. La inflación se controla si se controlan precios y utilidades:


Notable falacia según la cual las consecuencias de la emisión monetaria para por ejemplo adquirir durante 5 años dólares a precios superiores a los del mercado mediante el recurso de emitir, puede corregirse controlando los precios de los supermercados y de los carniceros.

Impropio de profesionales de la economía.


Absurdo que no puede hallarse ni el más elemental libro de conocimientos básicos de economía.

Pero sigue repitiéndose.

Además, el control de márgenes de utilidad no es ni siquiera control de precios, los cuales podrían variar mientras tales márgenes se mantuvieran.

6. El INDEC dice la verdad, lo que pasa es que a los opositores no le gusta:


El periodista Jorge Chamorro, de Radio América, afirmaba en el programa que conduce en esa emisora el 22/9 que el tema es controvertido y que falta poner sobre el tapete todas las posiciones y aclararlo.

Darle entidad a que en el primer semestre de este año el índice de pobreza bajó de 18 puntos a 14, según lo informado por ese organismo es absolutamente insólito.


Estamos ante la evidencia de una situación recesiva, con baja de ocupación, con inflación creciente, con ajustes tarifarios leoninos, con impuestazos que se suceden, con la baja de producción agropecuaria y la consecuente disminución de exportaciones, todo lo cual conduce a un verdadero parate en el Interior.

Suponer que ante tal cuadro la pobreza disminuye no sólo no es creíble, es absurdo.

Más allá de cualquier otra consideración.


Plantear esto como una discusión entre profesionales es realmente impresentable.

7. Los impuestos y las trabas a las importaciones favorecen la producción nacional:


La producción nacional se favorece estimulando o simplemente dejando hacer a quienes producen aquello que resulta menos costoso producir y ofrece mayores ganancias, como la soja o la leche en su momento.

Las trabas a las importaciones producen atraso tecnológico, reemplazo por supuesta producción nacional de baja calidad (en muchos casos simple armado de partes) y no mejora los índices de ocupación, ya que quienes dejan de trabajar en el campo castigado por políticas erradas, buscan conchabarse en otras cosas.

Hacer un breve estudio sociológico de la población actual en Tierra del Fuego permite comprobar esto que decimos.

Una gran parte de su población son inmigrantes provenientes del continente argentino.

La apertura a las importaciones con el tipo de cambio controlado NO ES una genuina apertura, y por lo tanto hay que desconfiar de economistas que afirman que la apertura de los años 90 o de la Tablita de fines de los 70 produjo un desastre para la industria nacional.

Lo que la produjo no fue la apertura, sino el tipo de cambio fijo que permitía demandar infinitos dólares para importar productos sin que variara el tipo de cambio, lo cual es contrario a la ley de oferta y demanda y constituye un control de precios más.

8. Hay que impedir que los extranjeros se atiendan en nuestros hospitales:


Un absurdo xenófobo y clasista.

Los extranjeros que vienen a trabajar al país realizan las tareas que normalmente los locales se rehúsan a llevar a cabo.

Otra cosa son los marginales extranjeros, que no por ello deben ser descalificados por su nacionalidad, sino por sus actos.

Del mismo modo que si fueran nacionales.

Un problema como este se ataca mediante convenios diplomáticos con los países de origen, y no con gritos en las tribunas o marchas intentando que un enfermo no se atienda y se cure, lo cual dicho sea de paso se contradice con la supuesta necesidad de distribuir entre los carenciados.

Si los extranjeros trabajan en negro o están indocumentados (como habitualmente se dice de manera a nuestro juicio inapropiada), lo que corresponde es obligarlos a regularizar su situación, a corregir la anomalía.

Si no existe un mecanismo apropiado, expulsar gente del país no parece ser un método humanista respetuoso de los derechos humanos básicos.

Y además es exasperantemente discriminatorio.

Aún así, en términos exclusivamente económicos el aumento de la población agranda el mercado y garantiza mejores precios y menores costos.

La marginalidad debe ser combatida tanto si se trata de extranjeros como si se trata de locales, pero es una cuestión diferente.

Y el combate contra la marginalidad no puede dar lugar a sanciones diferentes según se trate de argentinos o extranjeros.

En realidad no debe dar lugar a sanciones, sino a integraciones.

9. Ayudar a las Pymes fomenta el empleo:


Una falacia de grandes proporciones.

Lo que fomenta el empleo es la inversión a escala, la tecnología, el capital de uso intensivo y las inversiones en general que incrementan el capital per cápita.

No es creando cien empresas chicas que fabrican tornillos como se mejora la eficiencia y la productividad de tornillos.

Es atrayendo capitales a algunas empresas que puedan crecer y desarrollar productos a escala, con un costo administrativo razonable y con máquinas de última generación que permitan la obtención de precios competitivos, tanto local como internacionalmente.

10. El fútbol o la escuela son gratis para todos:


Obvio que se trata de un dato equivocadísimo.

Nada es gratis.

Ni el agua.

Tal vez la única excepción sea el aire que respiramos.

Alguien paga, y ese alguien somos todos nosotros.

Por lo tanto no es cierto que el Estado nos da algo, sino que toma lo nuestro para pagar ese algo y devolvérnoslo.

Y como elige qué regalarnos, no importa si lo queremos o no.

Todos podemos razonablemente querer que los chicos vayan a la escuela, aunque sería importante que los planes de estudio abandonaran su tendencia panfletaria, para lo cual sería imprescindible conformar comités autónomos y autárquicos que fijaran los planes de estudio por lo menos.

Amén de abrir el campo a la iniciativa privada como ocurre en otros países, donde la gente termina eligiendo a qué universidad va, por el prestigio de ésta , basado en buena parte en los planes de estudio que lleva adelante.

11. Comprar nacional para favorecer a nuestros productores:


No es así como se favorece la producción nacional.

Se la favorece si se la obliga a competir y a ser eficiente.

Para ello debe existir siempre la posibilidad de importar productos, con un tipo de cambio verdaderamente libre, que oscile de tal modo de desalentar la compra de lo importado si sube mucho, alentando entonces las exportaciones, y viceversa.

Es la competencia lo que mejora la eficiencia, y no la quintita.

12. El Estado debe ocuparse del bienestar y de ayudar al pueblo:


El Estado debe promover el bienestar general, no garantizar el bienestar individual.

Es profundamente erróneo suponer que un gobierno, el que fuera, va a poder garantizar la mejoría económica de millones de personas, tengan éstas la voluntad de superarse o no.

13. Los vivos de siempre suben los precios (cuando se acerca Navidad, Semana Santa, la primavera o el comienzo del ciclo escolar):


El aumento de la demanda produce subas de precios, por eso cuando vamos de vacaciones en la llamada “alta temporada”, todo es más caro y nadie parece asombrarse de que así sea.

El sofisma de que es preciso que el Estado controle para evitar que los vivillos se aprovechen es un panfleto demagógico que sirve a los intereses de los funcionarios que así se comportan en la vida, pero no cambia la realidad.

Nunca la ha cambiado a lo largo de toda la historia, y nunca la cambiará.

14. La reventa de entradas a espectáculos es ilegal:


Efectivamente en cierto punto puede serlo porque tal vez existen normas en tal sentido, aunque es preciso acercar la lupa a tales normas, ya que es absolutamente lógico que quien tiene una entrada para un espectáculo cotizado pueda desear venderla al mejor postor.

Eso es perfectamente legítimo y diríase que también legal, aunque alguna ley lo impida de manera a nuestro juicio claramente inconstitucional.

La propiedad privada es inviolable y uno es dueño de disponer de lo suyo como mejor le plazca.

En realidad, cuando un producto es vendido a bajo precio (por ejemplo una entrada en primera fila que vale lo mismo que una en la vigésima) quien lo adquiere está obteniendo una ganancia por ese hecho, que luego realiza cuando lo vende.

15. Los comerciantes se abusan y venden caro:


Los comerciantes venden al precio que les compran.

Es la demanda la que convalida el precio, que a su vez oscila de unos barrios a otros debido, justamente, al poder adquisitivo del demandante promedio.

No es lo mismo Lugano que Belgrano.

Cuando el precio es excesivo, el producto no se vende.

16. Quien más tiene más paga:


Esta falacia es una de las razones principales de la decadencia argentina.

Es la inversión de la ley de oferta y demanda, pretendiendo obligar a quien consume más gas, o luz, o agua o lo que fuera, a pagar más que proporcionalmente.

Dejando de lado detalles tales como la subdivisión que se haga de los bienes, los medidores, etc. (se grava por unidad y no por dueño), lo cierto es que mientras cualquiera obtiene un descuento por adquirir gran cantidad de lo que sea, para el Estado argentino la relación es al revés: quien consume mucho, sufre un incremento.

Suena raro en un ejemplo: comprar un paquete de pastillas que cueste un peso, versus comprar una caja de 100 paquetes.

En tal caso la visión estatal sería que en éste último caso el vendedor debería decirle al comprador: Si Ud. va a comprarme cien paquetes, entonces el precio es $ 120.-, porque Ud. tiene plata.

Cualquier leguleyo sabe que es exactamente al revés, que si alguien compra mucho lo más probable es que obtenga un descuento.


Lo mismo ocurre con los impuestos y las tasas progresivas.

17. Fijar tarifas locales para desconectarse del mundo:


este es el subproducto del dólar caro.

El dólar caro se compra con emisión de moneda espuria y luego se transforma en retenciones a las exportaciones que vuelven como obra pública o como subsidios.

Es decir que se inyecta al mercado produciendo inflación.

Las tarifas se desconectan del mundo si hay subsidios, de lo contrario se deja de producir porque es mejor invertir en países en los cuales no existe semejante distorsión.

Lo mismo ocurre con los precios en general, sobre todo de los productos primarios.

En fin, estos son algunos aspectos que me parece importante resaltar.

Expreso un punto de vista que se puede ser controversial para muchos.


Sabemos que ciertos discursos repetidos una y otra vez convierten ciertas afirmaciones en dogmas.

Esperamos por lo tanto que este trabajo sea tomado como una opinión que pretende mover a la reflexión.


Si resulta útil en ese aspecto, estaremos más que satisfechos.