martes, 22 de junio de 2010

DEL LADO DE LA LEY

¿Alguna vez dejaremos de interpretar el papel de pobrecitos perseguidos y cesaremos de quejarnos porque un tercero ha tenido la peregrina idea de defender el orden?

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner se refirió, la semana pasada, a las deportaciones de hinchas argentinos desde Sudáfrica bajo el argumento de que quienes blanden el parche de esos papelones "nos quieren hacer creer que somos, sucios, feos y malos".

Nadie que comente esas conductas quiere extrapolar los comportamientos de esos barras al pueblo todo. Salvo que sea precisamente la Presidente la que piense eso y su alocución del jueves haya sido más un acto fallido que una queja.

Poner en el lugar que corresponde a estos bárbaros es algo que la señora de Kirchner debería aprender a hacer, en lugar de criticar a quienes elogian al país que toma medidas contra quienes violan la ley.

Da toda la sensación de que es la propia Cristina quien subliminalmente hace un sinónimo de la pobreza o de las carencias con la suciedad, la maldad o la fealdad.

Cree que vitoreando esas miserias se elogia a los pobres.

No, señora presidente.

Si los pobres tienen la desgracia de no estar rodeados de los mejores escenarios es su deber construir las condiciones necesarias para que ellos por su esfuerzo salgan de allí.

No es elogiando el muchas veces desgraciado "decorado" de la pobreza como usted va a sacar a los pobres de su condición.

Por lo demás, no es necesario insinuar que las medidas sudafricanas contra un conjunto de pobrecitos han sido exageradas.

Sudáfrica, con todas las lagunas que ha mostrado en la organización del Mundial, ha tenido varios aciertos en cuanto a controlar hechos de eventual violencia en los estadios, algo que en la Argentina estamos bien lejos de lograr, entre otras cosas por la connivencia evidente de los grupos violentos con el Gobierno.

Tampoco es preciso defender a unos cuantos cuasidelincuentes para gastar unos minutos de demagogia.

En lugar de jugar el eterno papel de la víctima -siempre señalada, nunca reconocida, siempre castigada- sería mejor poner las cosas en su lugar.

A los que imponen la violencia, en la cárcel.

A quienes han convertido la sana costumbre de ir a las canchas argentinas en un peligro, fuera de ellas para siempre.

A los que cierran acuerdos con el poder para amedrentar, asustar, escarchar e impedir que se expresen otros, ante la Justicia.

Esas serían maneras mucho más responsables de ejercer el ejemplo, en vez de subirse a un atril y, haciéndonos los pobrecitos perseguidos, quejarnos porque un tercero ha tenido la peregrina idea de defender la ley y el orden.

Aunque la Presidente no lo crea -y le disguste incluso-, hay países que, con todos sus inconvenientes, siguen atribuyéndole al imperio del derecho un factor de ordenamiento social importante.

Cristina Kirchner debería tomar su ejemplo, en lugar de insinuar defensas de marginales que no conocen otro idioma que no sea el de la violencia.