domingo, 17 de febrero de 2013

CORONEL ARGENTINO DEL VALLE LARRABURE


Coronel Argentino del Valle Larrabure




CORONEL ARGENTINO DEL VALLE LARRABURE

“De procedimientos íntegros, tenaz, y preocupado. Demuestra un gran entusiasmo profesional.
Es enérgico y centrado en el mando; ha obtenido excelentes resultados como instructor.
Leal. Sobresaliente camarada.

Sobresaliente deportista.

Concepto: Sobresaliente”.

La fecha que lleva esta calificación es el 1 de diciembre de 1952. Argentino del Valle Larrabure recién había ascendido a subteniente y el destino que se le asignaba era el Regimiento 19 de Infantería. Sobre él diría un compañero de aquellos años:
“Llevaba en la frente la marca de las convicciones argentinas, de la lealtad de procederes, de la dedicación al servicio y a la amistad”.
Con el correr de los años, estas cualidades no irían sino profundizándose.

Nacido en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 6 de junio de 1932, hijo de Cirilo Larrabure y de Carmen Conde, el que luego sería una de las grandes figuras del martirologio nacional, estudió en su ciudad natal en el Colegio “Tulio García Fernández”. Era el menor de los siete hijos de una familia modesta y trabajadora, apegada a su suelo tucumano, a las tradiciones de una ciudad y de una región por donde desfilaron los combatientes de la independencia y los políticos de la independencia, donde el sentido de la Patria naciente se conservó en tradiciones y objetivos.

El mayor de sus hermanos, Manuel, le llevaba quince años. Haydée Esther, la única hermana, cinco. Su hermano Oscar, que era diez años mayor y estudiaba en Buenos Aires cuando él decidió ingresar al Colegio Militar de la Nación, en 1949, se encargó de patrocinarlo en esta nueva etapa de su vida.

Ya en su primer año en el Colegio Militar, los responsables del Instituto certificaban que “ha conseguido adaptarse al conjunto rápidamente… De muy buenas condiciones morales y muy buen estudiante”. Sus notas más altas correspondían a las matemáticas y a los “materiales de guerra”, por los cuales sentía verdadera pasión. Sobre 260 cadetes, su orden de méritos lo ubicaba en el puesto 84.
A uno de los hermanos le escribía dos años más tarde:

“No estoy conforme del todo, porque podría haber estado mejor. 

Esperaba que en 1952 estaría entre los 20 primeros, pero terminé en el lugar 73 entre 207. También tuve unos cuantos <> durante el año, pero no creas que son de esos arrestos de comisaría. Bueno, tampoco fueron cosas serias esas faltitas mías, apenas problemas de desordenado que soy en mis cosas.

 Y fijate, el orden es primordial no sólo en la milicia. Leí por ahí a no recuerdo qué pensador, que dice que con su estudio en desorden hasta le parece que las ideas se niegan a salir coherentes y organizadas. Así que todas estas cosas de la disciplina no se inventaron porque sí, sino porque te dan costumbres buenas y un modo más fácil de soportar hasta los deberes más difíciles…”.
En 1953 su destino es su Tucumán natal. 

Allí se siente reunido con sus raíces familiares, a la vez que logra un amplio reconocimiento por parte de sus superiores, en lo profesional y en lo personal.
“Supera sus apariencias, que son de porte muy natural y sencillo, modesto. Puesto en acción frente a una tarea se multiplica en el rendimiento, evidenciando toda su capacidad y sus deseos de cumplir. Su manera de ser es llana, franca y leal, lo cual le permite conquistar el aprecio de sus camaradas, el afecto de sus subordinados y la confianza de sus superiores.
Dispuesto para la lucha franca, con elevado espíritu de sacrificio demuestra aspiraciones profesionales dignas de ser reconocidas. Conduce su fracción con criterio. Educa e instruye a su tropa con dominio, precisión y método, y adoctrina con el refuerzo de sus propias convicciones.

Es culto.

Es respetuoso con todos, sin excepción; subordinado y buen camarada.

Es puntual. Buen gimnasta y resistente a la fatiga”.

Esta calificación, firmada por el mayor Pedro Alejandro del Río, que era su jefe de batallón, era compartida al cabo de su primer año como oficial, por el jefe del Regimiento, teniente coronel Alfredo Cirulli, quien añadía, además, que lo había observado en el ejercicio del mando como “firme, enérgico y siempre equitativo”.

Las virtudes de Larrabure serían valoradas de año en año y de unidad en unidad. Su jefe en el Regimiento 7 de La Plata, teniente coronel José María Morteo, observaría que “es de temperamento reposado, afable y bondadoso”, lo cual no le impide “mandar con energía y firmeza…, enseñando con el ejemplo” a sus subordinados.

El año 1955 determina el ascenso del joven oficial al grado de teniente, suceso que coincide con su casamiento con María Susana de San Martín, hija de un médico porteño. En octubre de 1956, nacería la primogénita del matrimonio, María Susana, a la cual seguiría en junio de 1959 un varón, Arturo Cirilo. Es de destacar que en febrero de 1974, poco antes de su secuestro a manos de los terroristas, Larrabure obtuvo que la Justicia de Menores de Villa María, provincia de Córdoba, le concediera la guarda de un menor de nueve años, Jorge Alberto, que pasó a ser educado y “mimado” –como él mismo decía- en el seno de su hogar.
“Para mí el matrimonio no es un contrato, o no es sólo un contrato. No es tampoco una institución, porque es mucho más que una institución. Y lo mismo, los hijos, los hijos de la sangre de uno, a la cual uno puede asimilar hijos de afecto, hermanos de afecto. Estoy convencido de que el matrimonio y la paternidad son grandes por la grandeza de las cosas que los inspiran, desde el espíritu de Dios en quien creo, hasta la profundidad del amor, de que debe ser capaz cualquier ser humano, a no ser que lo obnubile esa naturaleza animal que debe estar controlada por el espíritu”.

Larrabure, además de soldado altamente capacitado, tenía el sentido de las cosas superiores y a veces compartía, con una modestia admirable –porque jamás quería aparecer como enseñando, en temas espirituales-, sus convicciones con sus camaradas.
Durante el año 1959 prestó servicios como jefe de la sección Mantenimiento en el Estado Mayor del Ejército y allí ascendió a teniente 1º. En el año militar siguiente pasó a la Escuela Superior Técnica, donde el mayor Jorge Garrié Faguet, su jefe del primer curso, señala que “se destaca entre sus camaradas por su actuación en los estudios y por haber puesto de manifiesto en forma encomiable su sentido de responsabilidad, de resolución e independencia de juicio, y su dominio de sí mismo”.

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