miércoles, 9 de febrero de 2011

UN 9 DE FEBRERO SE INICIABA EL OPERATIVO INDEPENDENCIA

Hacen 36 años, el 9 de febrero de 1975, llegaban a Tucumán las tropas del Ejército para combatir la guerrilla.

Ese día, nos sorprendieron a todos los tucumanos cuando nos avisaron que la entonces Presidente María Estela Martínez de Perón, había ordenado a las FFAA “Aniquilar al enemigo”.

De pronto, y sin que nos diéramos cuenta, la provincia se tiñó de uniformes verdes y los helicópteros empezaron a sobrevolar.

Formalmente la guerra había comenzado.

Hay que volver a 1975 para poder comprender la algarabía de los tucumanos que espontáneamente celebraron la llegada del Ejército.

Pensar hoy que alguien festejara una guerra, sería absolutamente irracional, pero por eso es que a las cosas y a los hechos hay que verlos dentro del contexto en el que sucedieron.

Los tucumanos no teníamos paz, no sabíamos si dormíamos con el enemigo, si nuestro compañero de estudio podía estar investigando las rutinas de nuestras familias, si en la fábrica donde trabajábamos alguien nos estaba observando, si el auto que nos esperaba a la salida del colegio no iba a secuestrarnos.

Veíamos sombras por todos lados, se desconfiaba de todo y de todos.

Hasta en las mejores familias hubo casos de “jóvenes idealistas” como les gusta denominarlos a algunos, que habían sufrido un lavado de cerebro o que se habían entusiasmado con la idea de un país socialista.

No sabían que nada los alejaría más de la libertad, de la familia, de la democracia.

Decenas de personas se habían infiltrado ya en la sociedad tucumana y sabían los movimientos de cada uno de nosotros, nadie estaba a salvo, pero no lo sabíamos.

Hasta que comenzaron los ataques irracionales, secuestros, asesinatos, bombas que explotaban aquí y allá y una sensación de inseguridad que nos hizo presos del pánico.

No sabíamos hasta dónde llegarían, por quiénes iban, si mañana nuestros padres, o nuestros hijos o el vecino del frente, serían víctima de algún atentado terrorista.

Decirles que vivimos una pesadilla es poco, creo que estábamos en el infierno.

Y quizás eso explique porqué miles de tucumanos hayamos dado la bienvenida al Ejército con aplausos y vítores, ellos venían a salvar nuestra Patria y a devolvernos la paz.

La Situación de entonces La decisión del marxismo – leninismo de agredir a Argentina destruyendo sus Instituciones y la sociedad en su conjunto, tuvo orígenes diversos, conforme a las organizaciones políticas militares que se organizaron y operaron con el fin de “Conquistar el Estado para imponer un nuevo sistema político y social, “La Patria Socialista”.

En los años 60 fueron apareciendo distintas organizaciones como el Ejército Revolucionario del Pueblo, Ejército de Liberación Nacional y otras que en 1966 se integraron en el partido Revolucionario de los trabajadores (P.R.T.) y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) quien en julio de 1970 declaró oficialmente la guerra contra el Estado y sus Instituciones, contra la sociedad civil y contra todo el que se opusiera a la Política Socialista.

Simultáneamente, se organizaron y empezaron a operar con actos de terrorismo y luego con lucha armada, la Organización Montoneros, cuya aparición oficial se produce con el secuestro y asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu, el 29 de mayo del 70.

Inicialmente Montoneros operó en las grandes ciudades pero luego del “Golpe de Estado” de 1976, pasaron a la clandestinidad e intentaron abrir un frente de apoyo rural al ERP en Tucumán, ése primer intento fue un fracaso ya que allí murió uno de sus cabecillas, el Oficial Montonero “Julio Alzogaray”, hijo del Comandante en Jefe del mismo nombre. Trágico.

Todo este clima de inseguridad impulsó al Gobierno ejercido por María Estela Martínez de Perón y por Italo Argentino Lúder, a dar una respuesta militar - a pesar del Estado de sitio vigente - primero en Tucumán (Operación Independencia) y luego en todo el territorio Nacional.

El Estado de sitio y el estado de guerra por sí solos, conforme lo señala la Constitución Nacional, conculcan los derechos individuales y hacen posibles los allanamientos, detención y procesamientos de personas bajo sospecha cierta de delinquieren cualquiera de sus formas y en especial aquellas relacionadas con el accionar subversivo.

La Guerra en Tucumán La situación política social y económica que vivía la provincia en la que miles de trabajadores habían perdido sus empleos con el cierre de ingenios durante el gobierno de Onganía, más su naturaleza física con montañas y selvas subtropicales, posibilitaron desde el inicio mismo que los grupos guerrilleros se instalaran en las zonas rurales para desde allí ir conquistando las zonas urbanas que además quedaban muy cerca, teniendo en cuenta que Tucumán es la provincia más chica del país.

De ese modo los guerrilleros podían esconderse en el monte tucumano, estar al lado de las zonas rurales muchas de las cuales fueron tomadas por ellos y acceder fácilmente a los centros urbanos para proveerse de alimentos o estar en contacto con la sociedad que no sabía a ciencia cierta, diferenciarlos de un ciudadano común.

“La Operación Independencia” fue entonces la respuesta militar de un Gobierno Constitucional contra las bandas terroristas que ya operaban en masa en las zonas rurales pero que tenían fuerte apoyo logístico en San Miguel de Tucumán.

En Tucumán los actos de la guerra se vivieron y sufrieron con muchísima mayor intensidad que en el resto del país, pues como decimos, acá estaba el centro de operaciones.

En Tucumán ambos bandos, con los errores y horrores propios de todo conflicto armado, dirimieron con las armas y las más variadas tácticas y técnicas de combate de la guerra revolucionaria hasta lograr reestablecer el orden en la provincia y devolver la seguridad a los tucumanos.

Quienes ya en ésa época teníamos conciencia, vivimos de cerca el espanto Sin lugar a dudas que en esta guerra desatada con el único fin de recuperar la República, se cometieron errores, excesos y muertes injustas.

Sucede, lamentablemente, en cualquier guerra.

Y de uno y otro bando quedan familias destruidas, dolores y pérdidas irremediables.

Montoneros, a diferencia del ERP, no utilizaba banderas ni uniformes identificatorios para una mejor mimetización con la población, lo que habían logrado casi a la perfección tanto cualitativa como cuantitativamente.

NO fue nada fácil vivir en Tucumán en esa época, donde cada noche el ulular de las sirenas, las bombas y los gritos, ponían los nervios de punta y parecía “que el alma quería salirse del cuerpo para escapar del infierno” Fueron días y noches enteros de angustias, de no saber si volveríamos a las casas, si encontraríamos la muerte o alguna trampa a la vuelta de la esquina.

La ciudad entera estaba sitiada y todos, sin excepción, expuestos a ser víctimas de algún atentado terrorista.

Concretamente empezamos con los secuestros.

Ya habíamos sido sorprendidos por el secuestro del Coronel Larrabure, que si bien no vivía en Tucumán, hacía nacido en esta tierra.

Por lo tanto era nuestro comprovinciano y en una provincia chica, todos sus familiares eran muy conocidos.

Lo de Larrabure fue cruel, lo humillaron, lo torturaron, lo maltrataron, lo ultrajaron….. fueron matándolo de a pedacitos, sin embargo, después supimos: jamás se doblegó, nunca traicionó sus principios, en todo momento luchó con su mente para mantenerse vivo, para transmitir mensajes de paz, de perdón, de amor.

Larrabure, qué caballero!!!

Dejó como legajo el ejemplo de hombre fuerte, de principios, de héroe, que su hijo supo transmitir y contar con tanta precisión que todos sufrimos minuto a minuto con él, que cada argentino no puede menos que sentirse orgulloso al conocer la manera en que ofreció esa tortura, que buscar la reconciliació n que tanto nos pidió.

Pero ya la sociedad se estremecía al conocer del calvario de Larrabure.

Ni que decirles la tarde en que intentaron secuestrar al industrial azucarero José María Paz, quién venía de Buenos Aires sorpresivamente – todo indica que fue entregado – y en el camino a su casa, una falsa patrulla de control interceptó al taxi en el que se trasladaba a su casa del Ingenio Concepción.

La familia Paz había convenido no pagar rescates para no colaborar con los guerrilleros y el ingeniero Paz, valientemente, se resistió hasta que lo dejaron por muerto.

Ese atentado conmocionó a los tucumanos, se trataba de una persona civil que nada tenía que ver con las FFAA ni con la política y que simplemente estaba al frente de una fábrica azucarera, quizás la más importante del noroeste.

Paz luchó con toda la garra que lo caracterizaba con sus jóvenes 42 años, pero finalmente murió, el 27 de agosto del 74.

Quienes por diversas razones estuvimos presentes en la Capilla del Ingenio, mientras se rezaba su responso, pudimos ver a casi 5000 trabajadores llorando acongojados, tomando conciencia de que en Tucumán se había acabado la paz y….qué coincidencia, se llevaba al fornido ingeniero José María Paz mientras su madre, su viuda, sus cinco hijos y sus hermanos lo despedían con la frente en alto y el orgullo de no haberse doblegado ante el enemigo.

Como si fuera poco, con la grandeza de quienes no sienten odio ni rencor y aceptan ese hecho injusto y miserable como la voluntad de Dios.

Doy mi palabra que mientras lo escribo e imagino la sirena del Ingenio que con toda su potencia en plena zafra le daba la última despedida, vuelven a llenárseme los ojos de lágrimas, recordando ese hecho y esa multitud acongojada.

Muy poco tiempo después, el 1º de diciembre de ese mismo año, el Capitán Viola llegaba un domingo caluroso, a almorzar a la casa de sus padres en pleno centro tucumano.

Iba orgulloso con su señora, María Cristina Picón, que lucía una espléndida panza de su 3º hija, llevando en el auto también a sus dos pequeñas, María Cristina y María Fernanda, de 3 y 5 años que jugueteaban en el asiento trasero, vestidas “de día domingo” y con las ilusiones propias de ésas dos chiquitas que pensaban que en unos días más llegaría el Niñito Dios.

María Cristina, Maby para todos, bajó a abrir el portón de la casa y para horror escuchó los estampidos….una patrulla se cruzó delante del auto del sorprendido Capitán Viola, y por la ventanilla los acribilló a balazos sin ninguna explicación, en el atentado más paradigmático de la crueldad con la que actuaban estos individuos.

La gente salió a la calle, los llantos retumbaban en el pavimento caliente del verano tucumano, Viola murió junto a su pequeña hija Cristinita, mientras Maby desesperada, aturdida, incrédula, sostenía su panza y corría a socorrer a María Fernanda quien estaba gravemente herida.

Pasaron meses de angustia hasta que ella recuperó su vista y empezó a normalizarse, ya entonces había nacido Luciana, quién nunca pudo conocer a su papá,

¿quién puede olvidar ese día trágico?,

¿qué explicación válida hay para acabar así con la vida de una chiquita y dejar a toda una familia destrozada?.

Fueron las cosas que a los tucumanos nos empezaron a hacer reaccionar, a hacer que nos unamos, que pidamos por favor y casi a los gritos que alguien viniera a cuidarnos.

Recién comenzaba enero cuando un grupo de militares que había venido a recorrer la zona en donde se haría el operativo independencia – cosa que supimos después puesto que se manejaba como secreto de Estado – cayó en Tafí del Valle.

¿Cayó, lo bajaron?.

Nunca lo sabremos, lo que sí volvió a golpearnos la muerte y el espanto.

Allí perdieron la vida nada menos que 13 militares, entre ellos dos generales (Salgado y Muñoz), varios Coroneles, Capitanes, oficiales y un soldado.

Esto ya no podía ser.

El 9 de febrero llegaron sigilosamente las Fuerzas Militares.

Y si ustedes logran imaginar todo lo que estábamos viviendo, podrán entonces ser capaces de comprender porqué fueron recibidos con vítores y honores por parte de la sociedad civil.

El primer comandante fue el General Adel Edgardo Vilas y luego se hizo cargo el General Antonio Domingo Bussi, hoy preso en Tucumán, a quien se le encomendó unificar mandatos y asumió simultáneamente como Comandante en Jefe de la V Brigada de Infantería y Gobernador de Tucumán.

Cada uno en su estilo hicieron historia en Tucumán y hoy, 36 años después son reconocidos y queridos por miles de tucumanos.

Cuando fueron cayendo los montoneros veteranos y reemplazando en sus filas `por jóvenes sin experiencia, comenzó a recobrarse la paz y a sentir que finalmente la guerra iba paulatinamente siendo reemplazada por acciones de gobierno, para lo cuál a Bussi se le reconocen dotes de gran organizador y capacidad de trabajo inusual.

Quienes lo quieren a Bussi y quienes no, coinciden todos en que Tucumán brillaba por su orden, su limpieza, su pulcritud.

Fue como sentir que se pasaba del infierno al cielo en el sentido que se había recobrado la paz y que otra vez se podía caminar tranquilo por las calles que encima estaban resplandecientes.

Claro que quedó gente herida y muchos interrogantes.

Y podemos asegurar que nos compadecemos de todos ellos, de todos los que perdieron su hijo, su padre, su hermano, su amigo.

Nadie es quien para juzgar y de ambos lados quedaron un tendal de heridos, sin lugar a dudas.

Pero 36 años después no podemos permitir seguir mirando para atrás buscando culpas y culpables, porque hay que reconocer que Argentina estaba perdiendo el rumbo.

¿Qué hubieron violaciones a los derechos humanos, víctimas inocentes, gruesos errores? , estamos totalmente de acuerdo, pero repetimos hasta el cansancio que eso sucedió para ambos bandos.

No en vano el general Bussi que con sus años y preso en el ex Arsenal pese a que le fue otorgado el arresto domiciliario que todavía nunca logró, ganó 9 de las 11 elecciones en las que se presentó.

Un fenómeno que la gente que estuvo lejos de Tucumán jamás entendió, pero si los 160.000 tucumanos que lo avalaron con su voto y que le permitieron ser Gobernador, diputado Nacional, legislador y hasta ganar las últimas elecciones a Intendente que jamás pudo ocupar porque unos días antes decidieron arrestarlo.

Si logró todo eso fue, en una provincia peronista por naturaleza, como premio a su manera de trabajar, por habernos devuelto la paz junto a su Ejército, porque supo ser un líder y movilizar a la gente.

Pero sin ánimo de juzgar las medidas de los jueces, estamos convencidos que acá algo no funciona bien.

Que no puede ser, no se entiende, que los militares que ya han sido juzgados o incluso amnistiados, vuelvan a ser juzgados otra vez, según la voluntad política del gobierno de turno.

No es posible.

No es posible que mientras los hijos de los guerrilleros muertos hayan recibido cuantiosas indemnizaciones, los hijos de militares o civiles asesinados no hayan tenido la misma recompensa, por llamarle de algún modo ya que ningún dinero les devolverá a ninguno, sus seres queridos.

No es posible que mientras los generales y oficiales que restablecieron el orden y la República, cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional estén presos, aún siendo mayores de 70 años (edad tope que establece la Constitución Nacional) y estando gravemente enfermos, psíquica y moralmente, aquellos que iniciaron la lucha desde la clandestinidad o desde dónde fuera, sean condecorados y premiados con altos cargos a nivel nacional, viajes en primera clase y consideraciones especiales.

No es posible argentinos que se siga buscando dividir, que el odio nuevamente haga estragos, que en Francia se diga que en Argentina hubo un segundo Holocausto y que nadie diga nada!!!.

No es posible que mientras desde el Gobierno se homenajee a los muertos por la “represión” se castigue a aquellos que quieren rendir homenaje a sus muertos por la Patria, a los muertos por la subversión.

No es posible que los oficiales asciendan o no en sus grados, de acuerdo no a sus capacidades sino a si fueron parientes de alguien que actuó en la época de la guerrilla ni mucho menos que se suspenda o cesantee a un oficial que decidió ponerse el uniforme para ir a un acto, a un homenaje, pacíficamente organizado.

No es posible que no tengamos la grandeza para perdonar, sabemos que 32 años no son suficientes para olvidar a nuestros seres queridos, pero si deberían serlo para aprender a vivir en paz, buscando una Argentina que crezca y que se destaque como TODOS ESOS MUERTOS, DE UNO U OTRO LADO, HUBIESEN DESEADO.

Desde Periodismo de Verdad estamos convencidos que en Argentina hubo una guerra dura y cruel.

Sabemos, lo hemos vivido, que Tucumán fue el epicentro de la misma. Conocemos lo que es el terror de las bombas, el ruido de los helicópteros sobrevolando, la angustia de no saber quien es tu amigo.

Los tucumanos hemos sido protagonistas, participes, al menos espectadores de este horror.

Por eso nos sentimos hoy, a 36 años del Operativo Independencia, con autoridad para decirles GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE LUCHARON POR DEVOLVERNOS LA PAZ y creemos que el mejor homenaje que podemos rendirles a quienes equivocadamente o no, lucharon por un ideal, así como al que cumpliendo órdenes dio su vida, es invitarlos a todos a darse un abrazo de reconciliación.

Luz García Hamilton
periodista, licenciada
en Comunicación Social

RODILLAS NEGRAS

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