sábado, 13 de marzo de 2010

CARTA DOCUMENTO AL GENERAL MILANI

En las últimas dos semanas, se viene informando sobre las reacciones que generó la difusión, por parte del Estado Mayor del Ejército, de la nómina de los 4000 integrantes de la Jefatura de Inteligencia del Ejército durante el último proceso militar.

Este hecho habría provocado varios documentos -muy críticos- emanados de distintos grupos, que considerarían que la divulgación del listado afecta seriamente no sólo a muchas personas sino también a la institución.

En este contexto, también publicamos documentos llegados a nuestra redacción con severas acusaciones contra el Director de Inteligencia del Ejército, General César Milani.

A su vez, la viuda del teniente coronel Horacio Fernández Cutiellos, caído en La Tablada, denunció a la ministra de Defensa Nilda Garré, y a los generales Luis Pozzi, César Milani y Hugo Bruera por la presunta falsedad ideológica cometida, por cuanto el nombre de su marido aparece en el listado, intentando manchar su memoria relacionándolo con supuestas actividades represivas, cuando el mismo jamás revistó en el área de inteligencia.

Asimismo, también se presentó en la justicia federal otra denuncia -firmada por el Doctor Enrique Piragini y por mí- en este caso por incumplimiento de deberes de funcionario público y violación de secretos de Estado, ya que la difusión de la lista vulnera groseramente la normativa vigente en la materia.

Desde la oscuridad

Los hechos señalados coincidieron con una serie de extrañas circunstancias que motivaron que le enviara al general César Milani la siguiente carta documento:

Luego de haberse publicado en
distintas denuncias que lo involucran a usted y de haber firmado yo una denuncia judicial solicitando se investiguen sus posibles responsabilidades sobre varios delitos, se sucedieron una serie de hechos que paso a enumerar.

Mis teléfonos empezaron a funcionar a veces en forma anormal y con ruidos extraños; detecté asimismo la presencia de personas y autos detenidos a metros de mi domicilio durante largo tiempo y sin explicación razonable.

También recibí distintos mails amenazadores y uno muy especial, porque reproduce varias fojas de un expediente judicial del cual formo parte y que no es de acceso público. También en el libelo informático informereservado.net -conocido por su condición de vocero de dos servicios de inteligencia- se publicaron tres notas intentando descalificarme.

Finalmente, el viernes pasado dos personas aparecieron misteriosamente en la puerta de mi oficina, exigiendo que se les abriera la puerta, en una actitud intimidatoria que duró varios minutos.

Al no conseguirlo, se retiraron sin que se supiera cómo entraron y salieron de un edificio cuya puerta de calle estaba cerrada.

Ante esta serie de eventos extrañamente coincidentes con la publicación de las denuncias referidas, es que me dirijo a usted para comunicarle que no creo en las casualidades.

Voy a realizar la correspondiente denuncia judicial por intimidación y amenazas, solicitando se investigue la probable conexión de estos hechos con las denuncias publicadas en el ejercicio de la libertad de expresión.

Del mismo modo, lo hago públicamente responsable a usted y al Jefe del Estado Mayor del Ejército por la seguridad de mi persona, de mi familia y de mis empleados.

Tal vez usted lamente que vivamos en un estado de derecho, pero le aseguro que su transitorio cargo no le otorga impunidad ni lo exime de darle explicaciones a la Justicia.

A la brevedad pondré formalmente en conocimiento de estos hechos al Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, como responsable político de la seguridad pública.

También informaré a las comisiones del Congreso en materia de seguridad, inteligencia y libertad de expresión, a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y a ADEPA, por lo que ya es un claro intento de impedir el ejercicio de la libertad de expresión mediante métodos propios de los regímenes dictatoriales.


Carlos Tortora